Todavía quedan muchas joyas poco conocidas y masificadas en el continente europeo. Una de ellas es la preciosa localidad de Bled, en Eslovenia, que nos dejará sin respiración tan pronto como pongamos un pie en ella. Su idílico paisaje está marcado por un lago de aguas azules, coronado con la única isla natural del país.

Bled se presenta como un destino de turismo cultural y de naturaleza, con una larga lista de actividades y experiencias para todos los gustos. Además, esta época del año en la que los paisajes se tiñen de naranja es un buen momento para adentrarnos en sus encantos: “Bled en otoño es realmente precioso y hay muchas actividades para hacer», señalan a 20minutos desde su Oficina de Turismo.

Una isla única

La localidad de Bled forma parte de la región Gorenjska, en los Alpes julianos, una sección de la cordillera europea que se adentra en Eslovenia. Ese paisaje montañoso dota al destino de una belleza sin igual, con las altas cumbres reflejadas en el lago y un parque nacional justo al lado. A ello se suma su clima templado, su ambiente tranquilo y agradable y su cuidado patrimonio histórico.

“Los principales atractivos turísticos son la isla del lago y el Castillo de Bled”, señalan. Esa masa de agua alcanza los 30 metros de profundidad en algunos sectores y explorar su fondo se ha convertido en una actividad muy apreciada entre los buceadores. Allí viven 19 especies de peces como carpas, siluros y truchas.

Pero la joya de la corona es el pequeño trozo de tierra que emerge de sus aguas, coronado por una bonita iglesia. En el lugar donde hoy se levanta ese edificio religioso estaba ocupado por un templo dedicado a la diosa pagana de la vida y la fertilidad, hasta que en el año 745, con la cristianización, fue reemplazado por una iglesia dedicada al nacimiento de la Virgen María. Sus elementos más llamativos son las escaleras de 99 peldaños que dan acceso al edificio y el su campanario de 52 metros de altura.

Aguas termales y un castillo medieval

La estructura tectónica del lago ha contribuido a la aparición de fuentes termales en su parte este, donde «la temperatura no desciende por debajo de los 20°C», detallan. Esas aguas son aprovechadas en varios balnearios, con lo que Bled se convierte también en un apreciado destino de turismo termal.

Por ejemplo, los visitantes podrán disfrutar de los beneficios de esas aguas en las piscinas de alojamientos como el Grand Hotel Toplice, el Hotel Park y el Rikli Balance Hotel. Incluso podemos aprovechar sus componentes curativos bebiéndola directamente. Además de ser extremadamente relajantes, esas aguas están indicadas para el tratamiento de enfermedades relacionadas con el estrés, el agotamiento, los trastornos neurovegetativos y fatiga relacionada con la edad.

Por otro lado, el Castillo de Bled yergue imponente en una de las orillas del lago. Su origen se remonta a 1011, cuando se construyó una primera fortaleza con fines defensivos, que se fue ampliando y mejorando con los años. A día de hoy, esta estructura acoge exposiciones mensuales y un museo donde profundizar en el pasado histórico de Bled.

Paisajes de naturaleza exuberante

Más allá de lago se extiende un paisaje natural igual de impresionante. El Parque Nacional de Triglav, el único del país con esta consideración, se extiende por casi toda la zona eslovena de los Alpes julianos. Justo en el corazón del parque se alza la montaña más alta de toda Eslovenia, el pico Triglav y sus 2.864 metros sobre el nivel del mar. A ello se suman profundos y escarpados valles glaciares, verdes bosques y pastos y arroyos y ríos de aguas cristalinas.

También destacan los lagos de aguas azules, como Triglav, Križ o Bohinj, el lago natural más grande de Eslovenia. A todos esos parajes se suma una la excepcional flora y fauna del parque, formada por especies inusuales y protegidas. Desde lobos salvajes hasta osos y cabras salvajes de los Alpes campan a sus anchas en el lugar. Además, en la zona «la gente todavía vive como antes, de forma tradicional, en completa armonía con la naturaleza», destacan.

Y un poco más al norte de Bled, otro espacio natural igual de impresionante nos atrae con sus impresionantes paisajes. Se trata de la Garganta de Vintgar, un desfiladero de 1,6 kilómetros de largo excavado por el río Radovna. El resultado de esa acción del agua ha sido un enclave de altas paredes verticales, que «destaca sus cascadas, estanques y rápidos», comentan. Una red de senderos nos permite recorrer esta maravilla de la naturaleza y descubrir secretos como la cascada del río Šum de 13 metros de altura o el puente ferroviario de Bohinj.

Un otoño mágico

Entre todos los planes para hacer en otoño, desde la Oficina de Turismo de Bled nos recomiendan hacer una ruta de una hora por los alrededores de lago para disfrutar de su belleza desde diferentes perspectivas, aderezada con los colores propios de la estación. Otras opciones de senderismo nos llevan hasta las propias montañas de los Alpes Julianos, la cordillera de Karavanke y las colinas de Ojstrica y Velika Osojnica. En estas últimas podremos contemplar el lago desde las alturas cubierto por la densa bruma blanca bajando desde las montañas, un fenómeno “bastante frecuentes en otoño”, señalan.

Otros planes igual de atractivos para esta estación incluyen desde equitación hasta paseos en globo aerostático. Incluso, desde mediados de octubre, se puede hacer patinaje sobre hielo, así como tirolinas y escalada si el tiempo lo permite.

A las ventajas de ir a Bled en otoño se añade el precio del viaje. Eslovenia es de por sí un destino más barato que sus vecinos como Italia y Austria, pero en esta época, al no ser temporada alta, los precios son aún más bajos.

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