Pueblos con encanto e historia, paisajes de postal cinematográfica, campo auténtico, flora y fauna autóctona y endémica, turismo rural de muchos quilates, gente amable y muy hospitalaria, castillos de frontera, miradores a cañones de vértigo, avistamiento de buitres y águilas, leyendas de judíos y cristianos, castros vetones, gastronomía sabrosa, talleres artesanos donde aprender a amasar cerámica o a elaborar tu propia mermelada y visitas a bodegas familiares de producción selecta donde aprender de vino, mucho, y degustar caldos que poco o nada tienen que envidiar a los riojas y riberas.

Toda esta oferta turística encajaría en una ruta enoturística de renombre por alguna región francesa o italiana de fama mundial, pero está en España, a caballo entre Zamora y Salamanca, en el oeste fronterizo con Portugal, donde el gran Duero vertebra los macizos graníticos y donde junto con sus afluentes genera una riqueza medioambiental única, que incluye, por ejemplo, uno de los bosques de enebro más grandes de Europa, un bosque relicto salido de otra época. Así, un viaje por lo que ahora llaman la España vaciada se convierte en una experiencia que cala en los sentidos y en el espíritu, que enamora al viajero. Es una experiencia auténtica por pueblos y comarcas de pura sangre española, casi despobladas, sí, pero su vacío lo mitiga la oferta de la Ruta del Vino Arribes.

La Ruta del Vino Arribes es una de las 34 que forman parte del sello Rutas del Vino de España que aglutina la Asociación Española de Ciudades del Vino (Acevin). Como sus rutas hermanas, la de Arribes promueve y ampara un turismo de naturaleza y campo, de experiencias basadas en la cultura del vino. Se habla mucho de turismo sostenible, y el mejor ejemplo está aquí, al lado, en casa.

Nada menos que 180 kilómetros de cañones fluviales, en combinación con la penillanura, han creado en esta región un microclima ideal para el cultivo de viñedos. Aquí manda la uva Juan García, autóctona de los o las Arribes -según lo digas en Zamora o Salamanca el género del artículo cambia-, que produce excelentes vinos, tanto jóvenes y crianzas como reservas.

La Ruta, que se extiende por la comarca zamorana de Sayago hasta el pueblo salmantino de San Felices de lo Gallegos, cuenta con siete bodegas visitables. La más conocida es Hacienda Zorita Natural Reserve, cerca de Fermoselle, en Zamora (ojo, que hay otra Hacienda Zorita en Salamanca), la Falcon Crest de la zona, donde es posible alojarse y que no por rica y opulenta deja de arrimar el hombro como la que más para fortalecer el interés y promover lo vinos de todas las bodegas. En la de Viña Romana, en Villarino de os Aires (Salamanca), su propietario, un vizcaíno llegado a esta tierra por amor, elabora un vino para coleccionista, de autor, Botón Real, con preciosas botellas etiquetadas en relieve con el botón charro en oro o plata. Bodega Frontio (el gran danés). Le conocen en la zona como el gran danés, no tanto por su tamaño como por su arrojo al llegar desde Dinamarca y, contra viento, marea e idioma, sacar adelante una de las bodegas con más personalidad de la Ruta Arribes.

Simpático nombre que corresponde a una bodega familiar gestionada por un joven matrimonio y su dos hijas que al amor por el cultivo y el mundo del vino unen su pasión por esta zona y contribuyen a evitar su despoblamiento. Como dice Liliana, su dueña, “aquí hay espacio para venir y trabajar para todo el que quiera”. Sus vinos blancos y tintos destilan un cariño artesanal y representan el buen hacer de los enólogos de la zona.

Pero no solo se visitan bodegas sino que la Ruta cuenta con 43 socios que ofrecen diferentes experiencias en la zona relacionadas con la arquitectura, la cultura, la historia, la artesanía, la gastronomía o la naturaleza. En Numa, por ejemplo, Nuria Martín muestra los secretos de su cerámica artesana y enseña a los visitantes a modelar y decorar el baro. Remánguese y no olvide firmar su creación. Se la enviarán a su domicilio cuando haya culminado su proceso de horneado y esmaltado. Y con Piqui, alma y señora de la mermeladería Oh Saúco, cocinará una mermelada con especias e ingredientes que nunca imaginó tendrían cabida en este producto.

Fermosellle es visita obligada en esta Ruta del Vino Arribes. Con un trazado de calles estrechas y empinadas, su recorrido combina subir a los miradores para contemplar la estepa castellana bañada por el Duero y sus afluentes con la ruta de las bodegas subterráneas que propone Olvido, guía local que conoce como nadie lo entresijos de esta villa zamorana, conocida como el pueblo de las mil bodegas. Y no hay que perderse en esta Ruta la visita a San Felices de los Gallegos, en su día premiado como el pueblo más bello de Castilla y León. Por solo 3 euros se puede disfrutar de una visita guiada de dos horas de la mano de Daniel, experto guía enamorado de su pueblo ue mostrará las joyas ocultas del Convento de las Agustinas, los museos del Aceite y de la Cantería, el pasado judío que marcó su historia y finalmente el castillo fortaleza que corona la localidad, ejemplo de los vaivenes y disputas de esta zona fronteriza.

A lo largo de esta Ruta que discurre por el Parque Natural de Arribes del Duero son parada obligada también varios miradores e imponentes presas con saltos de vértigo como los de Aldeadávila y La Almendra (este con alturas que superan los 200 metros) y el mirador del Fraile. Para completar la experiencia de contacto con la naturaleza hay que navegar el Duero en el crucero turístico que gestiona la Estación Biológica Internacional. Un trayecto a elegir de una o dos horas por las aguas internacionales del Douro que trazan la frontera peninsular entre España y Portugal. Un barco totalmente ecológico que no solo transporta al viajero y le muestra las maravillas naturales del recorrido (encinas salidas de la roca, águilas protegidas y hasta las simpáticas nutrias) sino que contribuye a la sostenibilidad de la zona y de las aguas del río.

En Fermoselle, la Posada Doña Urraca (posadadedonaurraca.com) es un establecimiento muy bien restaurado que ocupa un antiguo cuartel de la Guardia Civil. Su propietaria desborda amabilidad y los desayunos son sabrosos y abundantes. Para comer, pida el bacalao a la tranca del restaurante España, también en Fermoselle (restaurantespana.com) y pregunte a la chef Mar Marcos por la carne del Bos Taurus Primigenius, especie de raza pura sayaguesa que también la preparan, en modo chuletón o en hamburguesa, en la Enoteca del Marqués (laenotecadelmarques.com). Si prefiere comer de menú, el hotel restaurante Mesa del Conde (mesadelconde.com), a la entrada de San Felices de los Gallegos, los tiene buenos y económicos. Para organizar su viaje, la agencia Global Spain Travels ofrece paquetes especializados por esta Ruta (globalspaintravels.com).

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