Cáceres está repleta de fortalezas, palacios renacentistas, plazas y casas-fortaleza de aire medieval. Por algo la capital de esta provincia de Extremadura es ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Entre los edificios de esta hermosa ciudad más reconocidos están la Iglesia Concatedral de Santa María la Mayor, la Iglesia de la Compañía de Jesús o la Plaza Mayor. Hay mucho que ver en la ciudad, pero también en la provincia; al menos estos 10 lugares.

Es un auténtico museo al aire libre de iglesias, castillos y casonas solariegas. Tiene uno de los grandes patrimonios histórico-artísticos de toda España. Aquí nacieron Francisco Pizarro y Francisco de Orellana. Toda la actividad se concentra en torno a la Plaza Mayor, presidida por una estatua ecuestre de Pizarro. Su castillo es un alcázar árabe ampliado en el siglo XV.

El Imperio Romano dejó aquí impresionantes huellas. Tantas, que Mérida es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1993. El teatro, el anfiteatro, el acueducto, el foro, el templo de Diana, el circo y el puente sobre el río Guadiana. Todo romano. Para saber más de este legado siempre podemos visitar el Museo Nacional de Arte Romano, ubicado en un edificio de Rafael Moneo.

Representa uno de los enclaves más extensos y representativos de bosque y matorral mediterráneo mejor conservado. Monfragüe es Parque Nacional desde 2007 y ya en 2003 la Unesco lo reconoció como Reserva de la Biosfera. Esta maravilla se yergue como prototipo de bosque y matorral mediterráneo. Para ubicarnos, lo flanquean las localidades de Navalmoral de la Mata, Plasencia y Trujillo. Es un imprescindible de cualquier visita a Extremadura.

La puebla de Guadalupe es conocida por su famoso monasterio, el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, que se ubica en el corazón de la localidad, en plena Plaza Mayor. Pero el municipio alberga otros hitos arquitectónicos, urbanísticos y culturales, como el Colegio de Infantes o de Gramática, la antigua judería, los restos de la muralla, la Iglesia de la Santa Trinidad y la Iglesia Nueva.

El Valle del Jerte es noticia cada primavera. La floración de sus cerezos lo ha convertido en lugar de peregrinación en cuanto el frío se va y asoma el buen tiempo. Pero este rincón de Cáceres es un valle hermoso en cualquier momento del año y esconde muchos más tesoros que sus cerezos. La Garganta de los Infiernos es uno de ellos, una Reserva Natural situada en un extremo de la sierra de Gredos.

Es el valle del pimentón, fundamental para la economía de esta comarca situada al nordeste de la provincia de Cáceres, entre el Tiétar y la sierra de Gredos. Robles, castaños, olivos, abedules y cerezos crecen en valles modelados por el agua del deshielo, que forma gargantas entre piedras de granito.

Es la puerta de acceso a las comarcas del Ambroz, Jerte y La Vera. Edificios palaciegos y religiosos, plazuelas, muralla, entre otros elementos arquitectónicos y urbanísticos, configuran un conjunto de interés histórico-artístico. Destaca la catedral, fusión de dos catedrales, la iglesia de San Martín, el convento de Santa Clara o el de las Carmelitas Descalzas, el palacio Episcopal y el barrio judío.

Este municipio cacereño está enclavado en el Valle del Ambroz. Si por algo destaca Hervás es por su Barrio Judío. Está situado, como todas las juderías, en las afueras del núcleo urbano, en la zona más desnivelada de la localidad. El entramado de madera, generalmente de castaño, el ladrillo y el tapial, junto con las tejas o tablones laterales, son los elementos constructivos característicos de la judería.

Ocupa un lugar destacado entre todas las obras de ingeniería realizadas por el Imperio Romano. Fue construido entre los años 104 y 106 para salvar el cauce del río Tajo. Destaca, ante todo, por su grandeza y por la firmeza que hoy en día conserva, casi intacta a pesar de tener casi dos mil años de antigüedad. Sus 58,20 metros de altura y 194 metros de longitud lo convierten en una bella obra, a caballo entre la ingeniería y el arte.

Esta comarca se encuentra al norte de la provincia y en el límite con Salamanca. Superada la pobreza y retrato que de ella hizo Buñuel en su famosa película, en las Hurdes hay una serie de encantadores pueblos, conocidos como alquerías o aldeas. Algunos conservan la arquitectura negra: casas construidas con piedra de pizarra y cubiertas con tejas de pizarra.

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