Era crónica de una muerte anunciada: el abandono de la Unión Europea (UE) por parte de Reino Unido ya tiene sus primeras víctimas en el sector tecnológico. El gigante estadounidense Intel ha confirmado que descarta sus planes de instalarse en tierras de Boris Johnson debido al Brexit.

Pat Gelsinger, CEO de Intel, reconoció en declaraciones a la cadena británica BBC que antes de la salida de Reino Unido de la Unión Europea este país habría sido un sitio que la compañía habría considerado para construir su fábrica en el viejo continente, pero que después del Brexit están “mirando a los países de la UE y obteniendo apoyo de la UE”.

En medio de esta crisis global de chips, que está afectando no solo a los fabricantes de productos tecnológicos, sino también a otros sectores de importante peso económico como el automovilístico, Intel quiere dar un impulso a la producción de microprocesadores y por ello busca alternativas donde expandirse más allá de Estados Unidos.

Para hacer realidad su incursión en Europa la compañía anunció que invertirá 95.000 millones de dólares en la apertura y actualización de plantas de semiconductores en nuestro continente durante los próximos diez años, además de impulsar su producción en EE. UU.

Y es que desde Intel, que es uno de los mayores productores de semiconductores del mundo, opinan que esta crisis ha demostrado que EE. UU. y Europa dependen demasiado de Asia para sus necesidades de fabricación de chips.

Es importante decir que esta visión de Intel está respaldada por los datos del sector, ya que en la actualidad EE. UU. solo produce alrededor del 12% de los semiconductores del mundo, mientras que Samsung y Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) de Corea representan el 70% del suministro mundial.

Gelsinger señalaba que desde la compañía desconocen si hubieran podido ubicarse en Reino Unido de no producirse el Brexit, pero lo que sí saben es que ahora tienen “alrededor de 70 propuestas para sitios en toda Europa de quizás diez países diferentes”. “Tenemos la esperanza de llegar a un acuerdo [sobre un emplazamiento], así como el apoyo de la UE […] antes de finales de este año”, añadía el CEO de Intel.

Con respecto al futuro del sector, Gelsinger no se muestra muy optimista y sostiene que la escasez de chips -y por tanto el incremento de los precios- continuarán hasta 2023 y que seguro afectarán a la próxima Navidad.

El CEO de Intel, de hecho, vaticinaba para BBC que es posible que “haya algunos pagarés bajo los árboles de Navidad de todo el mundo este año” en lugar de regalos. “Simplemente todo se queda corto en este momento. E incluso aunque mis compañeros de la industria y yo mismo estemos trabajando como locos para ponernos al día, va a pasar un tiempo [hasta que todo se recupere]”, explicaba, apuntando que las cosas mejorarían “gradualmente” el próximo año, pero que es poco probable que se estabilicen hasta 2023.

Recordemos que la falta de semiconductores y la crisis alrededor de esta se deben principalmente a un aumento de la demanda y a los problemas en la cadena de suministro derivados de la situación sanitaria mundial.

La UE ha subrayado la necesidad de impulsar la soberanía tecnológica del bloque ante las vulnerabilidades expuestas por la crisis sanitaria y las restricciones de oferta aparecidas al reactivarse el comercio mundial.

De este modo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha defendido la importancia de que la UE invierta en su “soberanía tecnológica” y dote de los recursos necesarios “de acuerdo con sus propias normas y valores” a la transformación digital.

“Dependemos de los chips fabricados en Asia”, lamentaba la alemana el pasado mes de septiembre en la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia), subrayando que “no es solo una cuestión de competitividad, sino también de soberanía tecnológica”, por lo que Bruselas propondrá una Ley Europea de Chips.

“Necesitamos conectar nuestras capacidades de investigación, diseño y ensayo que se encuentran a la vanguardia mundial. Necesitamos coordinar las inversiones nacionales y de la UE a lo largo de la cadena de valor”, explicó la presidenta de la Comisión Europea en referencia al objetivo de “crear conjuntamente un ecosistema de chips europeo de última generación” que “garantice la seguridad de suministro y desarrolle nuevos mercados para una tecnología europea pionera”.

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