La gran cantidad de pueblos que salpican Italia nos regalan estampas de belleza indiscutible, tal y como demuestran lugares como Civita di Bagnoregio. Esta preciosa localidad se encarama en lo alto de un peñasco rocoso, y es justo esa ubicación la que podría poner fin a su existencia, y es que la erosión constante de la roca caliza la ha condenado a la desaparición.

2.500 años de historia

El pueblo de Civita di Bagnoregio se encuentra en la región de Lacio, a medio camino entre Roma y Florencia. Fue fundado por los etruscos hace 2.500 años en una de las rutas más antiguas de Italia, la cual unía el río Tíber y el lago de Bolsena. Así, atravesar su imponente viaducto y la puerta de Santa María supone hacer todo un viaje en el tiempo.

Además, su larga historia está presente en monumentos y edificios como los de Colesanti, Bocca y Alemanni, la iglesia románica de San Donato, la capilla de la Virgen del Carcere y la iglesia de Santa Bonaventura.

Una erosión de 7 centímetros al año

A pesar de haber sobrevivido durante siglos en lo alto del premonitorio rocoso de 400 metros de altura, el pueblo se encuentra cada vez más cerca de su desaparición. La constante erosión de la piedra caliza del peñasco, sumada a la actividad sísmica de la zona, hace que Civita di Bagnoregio tenga cada vez menos terreno donde asentarse, y es que el promedio de erosión es de unos siete centímetros cada año.

Es por ello que ha sido apodado como “el pueblo que muere”. A ello se suma que su población fue abandonando el lugar con el paso del tiempo, debido sobre todo a los fuertes terremotos que afectaron a la localidad. De este modo, actualmente solo quedan alrededor de 10 vecinos.

La lucha por sobrevivir

Perder un lugar tan mágico como Civita di Bagnoregio es toda una desgracia, es por ello que en los últimos tiempos se está llevando a cabo una intensa estrategia de turismo para dar a conocer el pueblo y devolverle un poco la vida. Asimismo, la villa es candidata a ser incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

El resultado es que cada vez más visitantes llegan hasta el lugar para perderse entre sus calles, admirar su arquitectura y maravillarse con los paisajes de su alrededor. Eso sí, hay que tener en cuenta que para entrar al pueblo hay que pagar una tarifa de 5 euros.

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