Vizcaya, el territorio más densamente poblado del País Vasco, tiene mucho que ofrecer al viajero. Sí, Bilbao es Bilbao, pero hay mucho más. De sus playas a sus pueblos, pasando por sus valles y sus acantilados, toda Vizcaya esconde tesoros para disfrutar, por ejemplo, en una ruta en coche.

Empezar sí empezamos en Bilbao. La capital vizcaina se ha convertido en un emblema de la arquitectura contemporánea. Hoy Bilbao está en el mapa del mundo. Podemos disfrutar de su oferta arquitectónica, museística y cultural, pero también del ambiente de sus calles o tomar unos pintxos por su Casco Viejo. Podemos empezar en la Plaza Miguel de Unamuno o en la Plaza Nueva. También valen la calle Santa María o la calle Somera, una de Las Siete Calles que conforman el Casco Viejo de la ciudad.

Cogemos nuestro coche y nos vamos hacia el norte, al mar. Pasamos por Munguia y llegamos a Bermeo. Es uno de los principales puertos pesqueros de la provincia y un municipio con abundante patrimonio cultural. Su línea de costa presenta abundantes acantilados y rocas como San Juan de Gaztelugatxe (famosa ya en todo el mundo por Juego de tronos) y las islas de Akatz e Izaro. En su costa hay pequeños entrantes como el que da lugar al cabo de Matxitxako.

En la margen izquierda de la desembocadura de la ría de Mundaka, este municipio es casi el paraíso para los miles de surfistas que lo visitan cada año atraídos por su famosa ola izquierda. Pero este pueblo marinero tiene mucho más. De entrada, su ubicación en plena Reserva de la Biosfera de Urdaibai, el lugar con mayor diversidad paisajística y ecológica del País Vasco. Es un espacio natural formado por amplias marismas y arenales que dan cobijo a miles de aves. En el casco urbano, el puerto es el centro. Merece la pena alejarnos hasta la ermita de Santa Catalina, un pequeño promontorio junto al mar, con espectaculares vistas.

Esta playa, que tiende su sábana blanca de 500 metros entre la desembocadura de la ría de Gernika y el cabo Ogoño, es una de las muchas maravillas de Urdaibai. En invierno, cuando las olas arrecian, hay pocos lugares mejores para surfear. Un plan más tranquilo es contemplar la playa desde el cielo del cabo Ogoño, a donde se puede subir caminando media hora desde el cementerio de Elantxobe.

En 1783, se construyeron varios muelles para hacer frente a los embates del mar. En la actualidad, han sido reforzados y embellecen la estampa del municipio. Llaman la atención los edificios escalonados que llenan las calles: todos miran al mar. La calle Mayor del municipio está bordeada por viejos muros de piedra arenisca. Merece la pena visitar la iglesia parroquial San Nicolás de Bari, dedicada al patrón de los marineros.

Compite con Bermeo por ser el más bonito pueblo pesquero. Está situado sobre las laderas de los montes Otoio y Lumentza. Las calles del casco antiguo de Lekeitio nos ofrecen la oportunidad de disfrutar de un patrimonio artístico abundante. Merecen una visita el puente de Isuntza, la isla de San Nicolás, a la se accede a pie cuando hay marea baja, y el faro de Santa Catalina.

Bajamos ya desde la costa hacia el interior de Vizcaya. Llegamos a la mítica Guernica, la población inmortalizada por el famoso cuadro de Picasso. Merece la obligada visita a la Casa de Juntas y el Árbol de Guernica, bajo el que jura el cargo el lehendakari vasco.

Desde Guernica, seguimos hacia el bonito valle de Arratia, arropado por la montaña más alta de la provincia (Gorbeia). Aquí nos encontramos con Areatza, una villa medieval que presume de su casco urbano, declarado Bien Cultural. Los edificios más notables se agrupan en torno a la plaza del ayuntamiento. Areatza es punto de partida de numerosas excursiones montañeras por el Parque Natural de Gorbeia, un área de incalculable valor paisajístico, cultural y natural.

Si regresamos a Bilbao y nos hemos quedado con ganas de más mar, siempre podemos acercarnos a Sopelana, a sólo 24 kilómetros al norte de Bilbao, tan cerca que se puede ir en metro. Hay una playa de 750 metros rodeada de verdes acantilados. Es La Salvaje. A ella vienen los surfistas a probar sus famosas olas; los parapentistas, a lanzarse desde lo alto de los acantilados; y los curiosos, a mirar desde arriba (son muchas escaleras las que hay que bajar y luego subir).

Get Free Traffic