La provincia de Burgos está salpicada de paisajes y pueblos de cuento, ricos en patrimonio y parajes naturales, perfecto escenario para una escapada. Dividida en seis comarcas, cada una de ellas ofrece recursos monumentales y turísticos que bien merecen una visita.

Una de ellas es la Bureba, en el noreste de la provincia, una gran llanada rodeada de altas elevaciones montañosas. Pura Castilla, es una especie de artesa cerrada al Norte por la Mesa de Oña; por los altos paramerales de Altotero, sobre Poza de la Sal, al Oeste; al Este por los Montes Obarenes donde se abre el desfiladero de Pancorbo, puerta de Castilla, y al Sur, por los Montes de Oca y Sierra de la Demanda, y el Alto de la Brújula.

En esta comarca burgalesa encontramos Las Torcas, un paisaje con poco arbolado y elevaciones muy erosionadas. Comprenden buena parte de la zona de transición entre el páramo de Masa y las llanuras de la comarca de la Bureba.

Esta parte de Burgos, un paisaje único donde naturaleza y geología se dan la mano, ofrece una postal tan extraña como cautivadora. Fumarolas anaranjadas, marrones, rojizas y ocres creando un extraño y a la vez maravilloso paisaje kárstico.

El de las Torcas es sin duda un escenario pintoresco y perfecto cuando hablamos de escapar y respirar, en medio de un paisaje entre mágico e inhóspito, no exento de misterios.

En medio de las Torcas burgalesas está Valdearnedo (en la foto), un pueblo abandonado. En los años 80 vio marchar a sus últimos lugareños. De lo que fue el pueblo poco queda ya, aunque sí se imagina lo que pudo ser: con una bonita iglesia románica del siglo XII que aún conserva algo de su estructura y preciosos capiteles, y unas casonas de piedra.

Curiosamente, no se haya lejos de la turística Poza de la Sal, cuna de Félix Rodríguez de la Fuente, ese bonito pueblo de arquitectura tradicional, fachadas encaladas con vigas de adobe, y calles estrechas, tan buscado por los viajeros.

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