La crisis sanitaria actual y el hecho de tener limitaciones para tener experiencias reales puede estar provocando una aceleración de aquellos sistemas, herramientas o plataformas que permitan vivir experiencias alternativas a distancia o sin contacto físico.

Pero cuando son las grandes empresas tecnológicas las que lanzan este tipo de entornos, ¿qué hay detrás? ¿Son apps gratuitas y altruistas para ayudarnos a hacer frente a los problemas derivados de esta crisis? ¿O utilizan a los usuarios como experimento sociológico?

Google recientemente ha lanzado Shoploop, una suerte de red social/ecommerce/experiencia en la que se nos ofrece ver en una persona cómo queda un producto -en este caso los productos de belleza- o compartir cómo nos queda a nosotros, creando asimismo un sistema de recomendaciones y fomentando la compra.

¿Se trata de una buena idea? “Hay muchas buenas ideas, la cuestión es si es un buen negocio. Mi opinión es que en realidad no están inventando nada nuevo, desde hace años hay plataformas que permiten activar la compra desde el contenido, Instagram sin ir más lejos lo hizo en 2018”, explica Rodrigo de Agustín, Digital Strategy Manager en Hiberus Tecnología.

No obstante, continúa diciendo el experto, se puede entender que es “una táctica de nicho” para “estar” en un formato de interacción en el que Google no se puede quedar fuera.

Elegir productos de belleza no ha sido ni mucho menos una casualidad: en ese sector hay marcas dispuestas a probar cosas nuevas y los usuarios tienen un alto nivel de interacción. “Las cámaras son los nuevos espejos virtuales, la estética es visual y fácil de expresar en formato de vídeos cortos y sus compras son impulsivas, todo el mundo está dispuesto a probar con ítems de maquillaje, probablemente mucho más que con artículos de mayor valor o implicación”, apunta el experto en estrategia digital.

“Es muy difícil saber lo que una empresa como Google, que nada menos que copa el mercado mundial de software smartphone en número de dispositivos, está realmente testando con estos bancos de pruebas… quizá no es lo que parece y tiene más que ver con la tecnología subyacente que estén desarrollando, o con la integración de experiencias de compra interactivas con su reciente giro hacia ser un ‘buscador marketplace‘, ahora que ofrecerá, gratuitamente, resultados de productos entre sus resultados orgánicos”, añade.

¿Cuál es esa tecnología subyacente? El mercado está en las tecnologías que permiten interactuar con el producto y la marca, como puede ser la realidad aumentada (AR).

Para De Agustín “el pasado, el presente y el futuro del comercio es volverse contextual”, es decir, “cuanto mejor te integres con la experiencia que el potencial cliente busca, mejor podrás expresar las virtudes de lo que vendes o propones; cuanto más le hagas sentir la sensación positiva que tu producto puede ofrecer, más deseable serás y más encajarás con la sensación de conexión, con el ‘esto es lo que busco’”.

En este sentido, tanto los formatos como la tecnología confluyen para ofrecer experiencias de realidad mixta y aumentada sobre el mundo físico que ayudan a lograr esa captación.

“Los formatos porque buscan ser un espejo, convertirte en el protagonista, permitirte probar la experiencia antes de comprar la versión completa”. Lo hacen sobre la estructura de red social “que ya está conformada y aceptada por (casi) todos”. La tecnología porque el mundo real “se está sensorizando” y los fabricantes de tecnología móvil ya han incorporado en sus últimas dos o tres generaciones chips capaces de acelerar aplicaciones de AR, e incluso la generación de ese contenido “se ha democratizado mucho”, apunta el experto.

Existen plataformas “que permiten a cualquiera subir vídeos y modelos 3D sobre los (ahora) tan socorridos códigos QR, sin necesidad de programar”. Para una experiencia avanzada, obviamente “existen profesionales que ahora tienen canales increíbles para desarrollar sus creaciones y las de sus clientes con estas tecnologías”, matiza De Agustín.

Como en la mayoría de las modas u ‘olas’, ya sean tecnológicas o de otro tipo, todo lleva un proceso: “Creo que estamos en la zona de la lucha y adopción, y en breve empezarán a salir ganadores claros, aquellos usos que nuestros cerebros mejor aceptan, para terminar con las aplicaciones prácticas: los supervivientes evolutivos de todo lo anterior”.

El experto hace referencia a fenómenos comoPokémon GO’, un auténtico movimiento de masas que consiguió que todos estuviéramos atentos de nuestras pantallas sin darnos cuenta de que no se trataba ‘solo’ de un videojuego global: Niantic Labs, la empresa desarrolladora del juego, ha añadido recientemente una función que permite que los objetos del mundo real tengan peso en la realidad aumentada, es decir, los Pokémon pueden esconderse detrás de un árbol o un mueble -o incluso una persona– gracias a una técnica AR conocida como oclusión.

Esto que parece algo muy revolucionario y divertido es también una estrategia que permite a la compañía ‘mapear’ el mundo real en 3D.

Hace más de medio siglo que el ser humano ha intentado cumplir su sueño de copiar y modificar la realidad. “Pokémon GO fue el fin de una manera de entender la realidad aumentada, a partir de la cual se han abierto nuevas experiencias vinculadas a redes sociales ‘más convencionales’ que han adoptado este formato que el videojuego puso de moda”, dice el experto.

Muchas empresas, incluidas Amazon, IKEA o L’Oreal, ya confían en la realidad aumentada para mejorar la experiencia online de sus clientes, ya que como indicaba De Agustín cuanto más real parezca los que vas a comprar virtualmente, cuanto más tangible, más conseguirás conectar con el público. Según un informe de la consultora tecnológica Gartner, unos 100 millones de usuarios utilizarán tecnologías de compra habilitadas con AR este 2020.

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