No, Alicante no empieza y acaba en las playas de su Costa Blanca. Hay todo un interior por descubrir. Si nos adentramos en la provincia alicantina, si dejamos atrás la línea de costa, encontraremos un interior lleno de sorpresas. Su orografía ofrece múltiples posibilidades para disfrutar de un entorno que invita a la aventura y a la calma por igual.

Senderos, barrancos, paredes montañosas, grutas… El interior de Alicante está lleno de parajes diversos para contemplar y disfrutar. Además, bosques alfombrados de plantas aromáticas, valles sembrados de cerezos, olivos, almendros y viñedos. Y sus pueblos: bellos, acogedores y fusionados con la naturaleza. Estos cinco merecen una ruta.

Esta localidad está en la cabecera del Río Vinalopó, acotado en el norte por las extribaciones de la Sierra de Mariola, la Fontanella, y Peña Rubia por el sur. Biar es un típico pueblo de interior y de montaña, que conserva un urbanismo insólito y geométrico alrededor de omnipresente castillo, con un casco antiguo muy bien rehabilitado y lleno de fuentes y de escaleras. El otro gran atractivo de Biar es su belleza paisajística. Montañas, ramblas, barrancos, todo ello poblado de vegetación, con bosque mediterráneo y abundancia de plantas aromáticas. Son muchas posibilidades para el excursionista, con zonas recreativas y de acampada bien acondicionadas.

Su mayor singularidad es que el casco antiguo está en lo alto de una peña sólo accesible a través de una oquedad abierta en la propia montaña. Y de esa situación nace una de las imágenes turísticas más emblemáticas de toda la Costa Blanca: el conjunto que forman el esbelto campanario exento y el túnel de acceso al casco antiguo. En esta zona alta del pueblo se encuentran la antigua mazmorra, el castillo de San José, actual cementerio, la casa nobiliaria de los Orduña, la Iglesia y la fortificación morisca, denominada Alcozaiba. Al pie del promontorio rocoso se encuentra el núcleo más moderno de la población, el Arrabal. Bordeado por las sierras de Aitana, Serrella y Xortà, todo Castell de Guadalest es un atractivo turístico con sus tiendas de regalos y artesanía.

Puede presumir de aguas; de sus yacimientos de aguas con propiedades medicinales. De hecho, en el siglo XIX se construyó un balneario. La otra imagen del pueblo la ofrece una gran pinada ubicada en el Cabeço d’Or, con sus largas veredas repletas de bancos de piedra y miradores. En este paraje se encuentra la antigua fuente de la Cogolla con su mirador, desde el que se divisa gran parte de la costa.

También en Agres brilla el agua. Hay fuentes por todas partes. Chorrea el agua entre las piedras, empapa las raíces y asalta los caminos. Típico pueblo de montaña, la Sierra de Mariola está a dos pasos. En las faldas de es sierra se ubicaba el Castillo, hoy derruido, y el Convento Franciscano. Pueblo escarpado con casco antiguo bien conservado, se dedica básicamente a la agricultura.

Es uno de los pueblos más bonitos de la comarca de la Marina Alta. Junto a la vertiente de solana de la Sierra Segaria, es la localidad más cercana a la cumbre, de 506 metros. Antiguo asentamiento morisco, hoy Benimeli es un pueblo con todo el tipismo de lo pequeño. Para disfrutarlo hay que recorrer las empinadas y blancas calles que ascienden hacia la sierra.

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