Desde que comenzó la crisis sanitaria la tecnología en general ha ganado posiciones entre la sociedad. Ha sido casi a la fuerza, pero tiene sus ventajas. Son muchas las herramientas que se han colado en nuestro día a día y que ahora usamos más y una de ellas es el famoso QR.

Un código QR -del inglés ‘Quick Response code’, ‘código de respuesta rápida’- es básicamente un código de barras evolucionado. Es un módulo para almacenar información en una matriz de puntos o en un código de barras bidimensional.

Aunque parezca algo que acaba de llegar, el código QR fue creado en 1994 por la compañía japonesa Denso Wave, subsidiaria de Toyota, para agilizar el proceso de registro de las piezas necesarias durante el proceso de producción de coches. El objetivo de sus creadores siempre fue desarrollar un sistema que permitiera mostrar un determinado contenido de manera muy rápida. En 1999 la empresa liberalizó la patente para uso generalizado. Los QR son muy comunes en Japón, donde son el código bidimensional más popular.

La matriz se lee a través de un dispositivo móvil, bien desde la misma cámara o bien utilizando una app específica, y de forma inmediata te lleva a una web, un texto, una aplicación dentro de la tienda de apps de tu sistema operativo, un mapa de localización, un perfil en una red social… las posibilidades son muy amplias y, de hecho, existen multitud de plataformas online para crear tu propio QR -que dirija a donde tú quieras-.

El diseño consiste en una serie de puntos negros sobre fondo blanco con tres cuadrados -en las esquinas superiores y en la inferior izquierda- que permiten detectar la posición del código al lector.

Como decía, los QR no son algo nuevo, pero en estos nuevos tiempos coronavíricos se han popularizado bastante, ya que muchos restaurantes y hoteles, comercios, museos e incluso transportes te facilitan uno para mostrarte su información y servicios sin tener que darte un soporte físico -y así hacer todo lo más contactless posible-.

Evitar el contacto físico directo es, pues, una de las ventajas que ofrecen estos códigos, pero no es la única: en general, esta pequeña matriz lo que hace es agilizar mucho los procesos y hacerlo todo más instantáneo. Y, en muchas ocasiones, sin tener que utilizar ni siquiera una aplicación externa, ya que los smartphones de última generación llevan incorporado un lector de QR en la propia cámara.

Ya te adelantaba unas líneas más arriba que existen muchas formas de usar un código QR. Algunos de los ejemplos que ponía son los más conocidos, como dirigirte a una página web en la que veas, por ejemplo, la carta de un restaurante o llevarte a la tienda de aplicaciones de tu móvil para descargarte una app.

Pero también se pueden utilizar para otros fines tipo ‘llamada a la acción’: puedes crear un QR para que lleve al usuario directamente a enviar un correo electrónico, a hacer una llamada, a enviar un SMS o a crear cita en el calendario sobre un evento.

WhatsApp es otra plataforma que se ha unido a la moda QR y también los utiliza. La idea es que te puedan añadir como contacto sin que tengas que dictar tu número de teléfono, simplemente escaneando el código que aparece en la app. Para ver tu QR tienes que abrir la aplicación, ir a ‘Más opciones’ -en Android- o ‘Configuración’ -en iOS- y finalmente pulsar encima del icono de QR que aparece junto a tu nombre. Desde ahí mismo también puedes acceder a la opción para escanear el QR de otro. Y si te preocupa la seguridad, debes saber que puedes restablecer tu código siempre que quieras y el anterior quedará invalidado.

En esta misma línea, puedes usar un QR como si fuera una tarjeta de contacto y mostrar la información sobre ti que te interese -nombre, apellidos, empresa, teléfonos, correo electrónico…-, de manera que quien lo reciba podrá guardar esos datos fácilmente en la agenda de su móvil. Así se evita que la persona tenga que ir tecleando cada uno de los campos.

Y uno de mis usos favoritos tiene que ver con el WiFi. ¿Cuántas veces hemos y nos han hecho la pregunta ‘cuál es la clave del WiFi’? ¿Qué hay más tedioso en el mundo que tener que introducir de forma manual esa contraseña infinita para conectarse? Tenemos buenas noticias: puedes compartir ese password a través de un QR.

Desde Android 10, Google proporciona esta opción viene de manera nativa, de forma que solo tendrás que generarlo desde la propia red WiFi en tu móvil. Para los smartphones con versiones anteriores de Android y para los iPhone, que no tienen la función de manera nativa, puedes usar servicios externos como pure JS WiFi QR Code Generator o QiFi, sitios web que permite crear códigos QR para compartir redes WiFi, de manera rápida y segura. Será suficiente con introducir el SSID (el nombre de la red que queremos compartir), el tipo de cifrado de la red inalámbrica y la contraseña para generar el QR, que podrás exportar como imagen y guardarlo en el carrete de fotos de tu móvil. A partir de ahí bastará con mostrarlo cada vez que alguien nos pida la clave del WiFi para que lo escaneen -también lo puedes imprimir y pegar cerca del router-.

Además de sus fines comerciales, numerosos artistas pop están comenzando a utilizar el QR como material de trabajo. Como una herramienta artística en algunos casos y como un lenguaje artístico propio en otros.

Finalmente, uno de los usos más extraños que puedes encontrar de los QR es ponerlos en lápidas. Las empresas funerarias están ofreciendo este servicio para que podamos recordar la vida del fallecido con imágenes y vídeos. Asimismo, pueden usarse en cementerios con carácter informativo: en 2014, en el Cementerio Israelí de La Paz, Uruguay, se implementó el uso de estos códigos para acceder a las imágenes del cementerio y conocer la ubicación exacta de cada tumba a través de una web.

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